El pozo de los deseos
- ktsa967
- 10 jun 2024
- 5 Min. de lectura
Autor: Savka Jones
ⓒ Todos los derechos de autor reservados en esta obra literaria.

Ilustración de Leó Louppe
En la época en que los hombres habían perdido su capacidad de ver a las divinidades, una doncella aún no perdía ese don. Y mientras paseaba por los parajes del castillo de su familia, a la distancia logró ver una hermosa Virgencita de cabellos castaños y ropas pulcras que avanzaba a paso tranquilo por el jardín.
La doncellita, sorprendida se acercó a la Virgencita para intercambiar unas cuantas palabras.
—¿A qué le debo esta inesperada visita, hermosa Virgencita?
—Querida doncellita, estoy en la búsqueda de una mujer que me ayude a limpiar el pozo de los deseos que está a las afueras del pueblo.
—Encantada puedo cumplir con la labor, si usted gusta —respondió la muchacha mientras hacía una reverencia.
—Tenía la esperanza de que una linda joven como tú aceptara —dijo la Virgencita mientras tomaba ambas manos de la chica entre la suyas.
La Virgencita caminó junto a la doncella y recorrieron todo el pueblo. Por supuesto muy pocos hombres lograban ver a la Virgencita y la saludaban levantando ligeramente su sombrero, siendo los niños unos afortunados, ya que todos eran capaces de ver y admirar la belleza de tal ser inefable.
Finalmente ambas llegaron hasta el pozo.
—Hace décadas se corrió la voz que si lanzas una monedita en este pozo aquello que más deseas se cumplirá —comenzó hablando la Virgencita.
—¿Y acaso eso no es cierto? —preguntó la joven.
—Es cierto, pero sólo se cumplen los anhelos del corazón, no los deseos egoístas de los hombres. Este pozo ha sido invadido de deseos tristes y crueles. Personas lanzan una monedita esperando que no los descubran mientras estafan a un vecino o incluso hay personas que han deseado la muerte de alguien.
La Virgencita miró hacia el cielo un segundo, exhaló profundamente y continuó.
—Estos malos deseos están impregnando de suciedad a las moneditas que fueron lanzadas con buenos sentimientos y buenos pensamientos. No puedo permitir que el mal infeste al bien.
—Entonces por favor explíqueme la manera en que debo limpiar el pozo, hermosa Virgencita —dijo la joven decidida en ayudar.
—Me alegra tu entusiasmo, doncellita. Deberás descender hasta el fondo del pozo, recoger las monedas sucias y limpiarlas. También tendrás que limpiar las paredes con una escobilla y preparar una mezcla de azufre y leche para fregar cada ladrillo de las paredes del pozo.
La doncella comenzó ese mismo día su ardua misión. La Virgencita no dejaría que la muchacha hiciera todo el trabajo sola, así que envió a un pequeño ayudante. Un grillo muy inteligente que tenía la capacidad de hablar sería su compañero.
El grillo muy sabiamente diseñó una polea para que la doncellita pudiera bajar y subir del pozo de manera segura. El grillo la guiaba y orientaba mientras ella hacía todo al pie de la letra.
La jovencita cortó su carísimo vestido hasta las rodillas para trabajar más cómodamente y mientras llegaba hasta al fondo del pozo el grillo saltó para posarse sobre su hombro.
—Debe sujetarse firme. Comenzaré recogiendo las monedas —dijo la doncellita mientras miraba de reojo a su pequeño compañero.
—Yo las iré subiendo y las dejaré en una cubeta en la superficie para que podamos limpiarlas después —respondió el grillo entusiasmado.
Así la doncellita metía sus manos cada vez más profundo en el pozo, dándose cuenta de una espesa gelatina negra que había comenzado a cubrir las monedas y a teñir el agua.
—Y pensar que esta gelatina se formó sólo por los malos deseos de la gente —reflexionó en voz baja la doncella.
—En estos días la gente desea lo que desea, no piensan si aquello es bueno o malo, simplemente eso es lo que quieren en ese momento de sus vidas.
—¿Y cómo puedo saber si lo que deseo es bueno o malo? —preguntó la doncellita mientras entregaba al grillo un par de monedas sucias.
—Desearle el mal a alguien nunca podrá ser bueno, eso es obvio. Creo que en el fondo todas las personas buscan la felicidad, y piensan que obteniendo aquello que desean podrán conseguir ese estado tan sublime. Algunos desean la juventud eterna, piensan que con eso serán felices para siempre. Otros desean ser ricos y no les importa dejar pueblos en miseria con tal de obtener grandes sumas de dinero, pensando que con eso serán felices para siempre. Todos buscan ser felices para siempre, pero lo buscan en cosas absurdas que no son para siempre. La felicidad eterna debe buscarse en aquello que es eterno —dijo el grillo antes de dar un salto para dejar las monedas sucias.
Ambos se quedaron en silencio después de compartir esas palabras y continuaron trabajando arduamente. La doncellita, sin poder evitarlo, pensaba en lo que había dicho su pequeño compañero de trabajo. Ahora ella se preguntaba a sí misma qué sería aquello que pudiera hacerla feliz.
Cuando finalmente terminaron de sacar las monedas, buscó la mezcla de leche con azufre que había preparado y comenzó a tallar las paredes sin parar.
—Quiero escribir cuentos para niños, Señor Grillo —dijo la muchacha repentinamente.
—¿Eso es lo que te haría feliz, doncellita? —preguntó su pequeño compañero.
—Sí, eso me haría feliz. Escribir historias esperando devolverles a los niños la magia, la bella ilusión, la esperanza y la sabiduría oculta que hay en los cuentos de hadas —La joven miró al grillo y le sonrió dulcemente.
La muchacha confeccionó una escobilla pequeñísima para que su amigo el grillo pudiera limpiar las paredes también. Ni siquiera dejaron de trabajar cuando cayó la noche. El Señor Grillo fue a buscar a sus amigas luciérnagas para que iluminaran el pozo mientras ellos seguían limpiando.
Al día siguiente la Virgencita volvió a aparecer mientras la doncellita y el grillo estaban terminando de limpiar.
—¡Han realizado un estupendo trabajo! —exclamó.
—Sin el Señor Grillo no lo habría logrado, Virgencita —dijo la doncella mientras secaba el sudor de su frente.
—Ha quedado impecable. Ahora es mi turno de trabajar —respondió la Virgencita posicionándose frente al pozo.
La Virgencita colocó sus manos sobre el pozo y desde el fondo comenzó a escucharse rugir la tierra.
—Estoy sacando el agua sucia y llenando al pozo nuevamente de agua pura y cristalina.
El grillo y la doncellita se acercaron a la orilla para ver cómo brotaba el agua limpia desde el fondo del pozo. Y cuando todo estuvo listo, la muchacha se atrevió a hablar.
—Virgencita, quiero lanzar una moneda para pedir un deseo.
—Hazlo, doncellita.
La joven sacó de su bolsillo una moneda que había estado guardando y en voz alta pronunció su deseo.
—Deseo que todos los hombres y mujeres de este mundo sean felices.
La doncellita lanzó la moneda al pozo con sus ojos cerrados. La Virgencita y el grillo sonrieron dulcemente y una luz radiante salió del pozo e iluminó el rostro de la jovencita.
Su deseo se cumpliría y todos los hombres y mujeres obtendrían la felicidad. Algunos en esta vida, otros en las vidas siguientes. Algunos tendrían que sufrir durante siglos antes de conocer algo tan majestuoso como lo es la auténtica felicidad. Y si aún no la has encontrado, alégrate, porque desde hace siglos una doncellita pidió por tu felicidad.

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